domingo, 3 de junio de 2018

Capítulo II: "Tres Días de Guerra y Ciento Ochenta de Negociaciones"

Linea de Status Quo negociada en 1936 entre Perú y Ecuador

Capítulo II


Revisionismo Histórico del Ecuador ofrece esta segunda entrega que contiene las partes más importantes del libro recientemente editado por la Universidad Nacional Agraria La Molina y la Universidad del Pacífico "Tres días de guerra y ciento ochenta de negociaciones, Perú-Ecuador, 1941-1942" de Ernesto Yepes del Castillo.

El domingo pasado se examinó el sentido de la obra, el problema entre los dos países (un extenso territorio en disputa) y la herencia del pasado (siglo y medio de negociaciones). El día de hoy se aborda un tema crucial: la línea de status quo de 1936, sustento de la línea de frontera buscada por los países mediadores y finalmente aceptada por el Ecuador y el Perú luego de arduas negociaciones que culminaron en el Protocolo de Río.

Más allá del debate de la línea de 1936, había una situación incontrovertible: ni Ecuador, ni Perú la aceptaban.

Hacia fines de 1933, de acuerdo a los términos del protocolo Castro-Ponce Oyanguren, el gobierno peruano invitó al de Ecuador a abrir negociaciones en Lima. Con la aceptación de Quito se iniciaron en abril de 1934 una serie de nuevas conversaciones. Lamentablemente, hacia agosto de 1935 éstas habían fracasado.

Durante los meses siguientes los dos países buscaron retomar el camino del diálogo hasta que finalmente en julio de 1936, el Ministro de Relaciones del Perú, Alberto Ulloa, y el Ministro Plenipotenciario del Ecuador en Perú, Homero Viteri, firmaron la llamada Acta de Lima por la que se comprometían a llevar la disputa limítrofe a Washington (donde luego de dos años las negociaciones también culminaron frustradas).

La línea de status quo de 1936


El Acta de Lima, además de ser preparatoria a la reunión de Washington, fue también importante por estar asociada a un hecho que jugó un papel singular en la definición de la futura relación entre los dos países y que, en general, se le conoce poco: el denominado status quo de 1936. Antecedente inmediato de una referencia aún más controversial: la llamada línea de status quo de 1936. Una línea que por estar mencionada a lo largo de casi todo este libro nos exige dedicarle una nota explicativa especial.

Refiriéndose a la vinculación entre el Acta de Lima de 1936 y la denominada línea de statu quo de ese año, el ex ministro de Relaciones Exteriores del Ecuador -y negociador del Protocolo de Río- Tobar Donoso escribirá: "A trueque de obtener la ejecución del Protocolo (Castro-Ponce Oyanguren) y de que éste se llevase a cabo en su sede propia y en ambiente internacional propicio, el 6 de julio de 1936 se celebró en Lima una Acta en que los Plenipotenciarios de las Partes, doctores Homero Vitari Lafronte y Alberto Ulloa, convinieron en que el arbitraje previsto en el documento de 21 de junio de 1924 sería de derecho. Se pactó también que los dos países mantendrían el status quo de sus posiciones hasta el término de las negociaciones en Washington y del proceso arbitral, sin que ello implicase reconocimiento de derecho.

Por desgracia, a esta fecha no teníamos ya puesto militar, ni otro signo de posesión, en la desembocadura de ninguno de los ríos que fluyen al Marañón. Nuestras guarniciones estaban muy lejos, en la parte alta de dichos ríos". (Tobar Donoso, "La invasión peruana y el Protocolo de Río" p. 60).

De la cita, como de la lectura del Acta de Lima de 1936 se colige que durante la reunión de Lima los dos países si bien acordaron "mantener el status quo de sus actuales posiciones" no llegaron a determinar cuáles eran ellas.

Actuando por su propia iniciativa, Torre Tagle en el mes de setiembre -a poco, relativamente, del Acta de Lima- envió a todas las cancillerías de América un memorándum en el que señalaba las posiciones que Ecuador tenía en ese momento (1936) en el territorio en litigio. Una descripción que guardará una coincidencia esencial con el juicio que acabamos de citar en Tobar Donoso: que Ecuador en 1936 no tenía puesto militar ni civil en la desembocadura de ninguno de los ríos que fluyen al Marañón. Y que se convertirá, como veremos más adelante, en el pilar básico de las negociaciones posteriores.

De acuerdo a Lima, lo que buscaba con este memorándum enviado a las cancillerías de América era precisar los puntos extremos de las posiciones ecuatorianas al sur de las cuales las del Perú resultaban indiscutibles. Esa línea -a la que Ecuador no opuso contrapartida- se constituyó en la mentada línea de status quo de 1936. Y, lo que es más importante, en la frontera de facto de los dos países y en la base de las negociaciones finales que resolvieron con el Protocolo de Río el litigio fronterizo entre los dos países.

Más allá del debate de que la línea de 1936 pudiera estar mal definida, de que pudiera ser interpretada de manera distinta por el Ecuador y el Perú, hacia la segunda mitad de 1941 había una situación incontrovertible: los dos países en conflicto tenían razones poderosas para negarse a aceptarla como base de negociación.

Ecuador porque aducía que era una simple línea de ocupación que no representaba sus derechos, una línea de ocupación, además, que de aceptarla hubiera significado reconocer que en 1936 apenas si poseía 115 mil kilómetros cuadrados de ese inmenso territorio que reclamaba pero que desconocía, que de los aproximados 300 mil habitantes que vivían en la región apenas si 50 mil eran nacionales ecuatorianos.

Y que específicamente en el oriente la presencia ecuatoriana era mínima, sin ningún asentamiento humano comparable a Iquitos, en suma como describiría en 1936 Laurence Duggan, el brazo derecho de Welles, que mientras en el área amazónica vivían varios miles de peruanos apenas si habían en ella unos pocos ecuatorianos.

La situación en el lado peruano respecto a la línea, luego de julio, tampoco tendrá un rostro alentador.

El 13 de setiembre el Perú proclama que la línea de 1936 no "representa más la ocupación real que detenta ahora". Unos tres meses más tarde el presidente Prado insistirá categórico ante el embajador de Estados Unidos en Lima que "la línea de status quo de 1936 no es satisfactoria por ser una línea determinada como tregua contra las intromisiones ecuatorianas, del mismo modo que el acuerdo de Talara estableció una tregua cuando el Perú estaba avanzando. Y que ninguna de estas líneas es más permanente que la otra" (numeral 179). En suma, la batalla por la línea de status quo bien podría ser el resumen de las páginas que siguen. Y quizá el título de esta obra.

  • Este artículo fue publicado originalmente en Diario La República de Perú en junio de 1998

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