domingo, 30 de diciembre de 2018

El Informe McBride: "Ecuador es y siempre será un país amazónico"

El Alto Napo a finales de 1890, durante las misiones de los padres jesuitas en el Oriente ecuatoriano, las expediciones salían de Quito y no tenían que pedir permiso a ningún peruano y peor todavía, cruzar algún puesto fronterizo vecino.

Para McBride, la controversia de límites era una más dentro de una serie en las disputas por territorios periféricos que ha caracterizado a América Latina, "El gran llano amazónico constituía la parte más extensa del territorio en disputa".

El Informe McBride III Parte

Los tres segmentos de la frontera a demarcar...

Luego de la firma del Protocolo de Río, la gran preocupación de los garantes era llevar adelante el proceso de demarcación de acuerdo a los términos del reciente acuerdo. Como vimos anteriormente, Estados Unidos envió a su experto George McBride para apoyar ese cometido.

Después de permanecer cerca de 7 años dedicado a este problema, McBride, al regresar a su patria, prepara un detallado informe para que sirva de guía y criterio al gobierno de su país. Comenzamos a publicar las ideas centrales de ese extenso documento, de acuerdo a la lectura que hace del mismo Ernesto Yepes en su libro "Mito y realidad de una frontera. Perú Ecuador 1942-1949. El Informe McBride".


El 13 de julio de 1949, George McBride entregó oficialmente al Departamento de Estado el informe que aquí presentamos. Habían transcurrido algo más de nueve meses desde que concluyera su nombramiento como Asesor Técnico en el Perú y Ecuador. Como se señaló antes, parte de ese tiempo McBride lo dedicó a preparar este texto. 

Por tanto, no es un documento fruto de la presión del momento o de la rutina administrativa. Es un informe amplio, denso, en el que el autor más que describir su trabajo de Asesor durante siete años y cinco meses razona sobre las relaciones entre ambos pueblos y lo que en ellas implica el diferendo limítrofe.

En lo fundamental, este informe tiene un valor inobjetable: constituye el juicio imparcial de uno de los más calificados expertos de los Estados Unidos, que buscó ejercer a cabalidad su misión de informar y aconsejar a su gobierno -de forma objetiva, fundamentada y en perspectiva de largo plazo- en torno a un tema que suscitaba el natural apasionamiento de las dos partes directamente involucradas.

El territorio a demarcar

El inveterado diferendo limítrofe que atraviesa toda la vida republicana del Perú y Ecuador afecta un enorme territorio. Un territorio que a decir de McBride, era "el más grande involucrado en cualquiera de los muchos problemas limítrofes de América Latina desde que los días en que España y Portugal disputaban toda la gran región del Continente".

En la controversia estaban comprendidos entre 320,000 y 350,000 km cuadrados. Un área casi similar en tamaño a la de Francia, Alemania o España o al territorio combinado de Holanda, Bélgica, Dinamarca, Suiza e Italia.

Las razones de la disputa

La posesión de estos dilatados territorios pasó a convertirse en una de las más amargas controversias de la historia republicana de ambos países, enfrascándose, luego de la independencia, en una inacabable querella legal, de la que aún no logran escaparse.

A McBride no le sorprendía la compleja situación de este enorme territorio ni la infructuosa disputa jurídica que la acompañaba.

Para él, esta controversia de límites era una más dentro de una serie en las disputas por territorios periféricos que ha caracterizado la historia de la expansión de las unidades de población en América Latina.

La lucha por los territorios más distantes en esta parte del continente tuvo que ver con su patrón colonial de ocupación. Mientras en Estados Unidos hubo una continua ola de poblamiento en un frente más o menos sólido, en la América Hispana las colonias se fundaron en puntos muy separados.

La posesión europea de la tierra avanzó, a partir de esos puntos centrales, hacia afuera en círculos más o menos concéntricos. Entre estos centros de expansión había territorios que permanecieron despoblados por mucho tiempo. "La zona más extensa de estos territorios resultó ser precisamente la enorme "terra incognita" de la Cuenca Amazónica (178-cap.6)."

Bajo la administración colonial de un solo país madre hubo poca preocupación en relación a los confines de los territorios periféricos y no se hizo gran esfuerzo por demarcar sus límites en detalle. 

"La única cuestión importante era saber si el gran interior, particularmente la terra incognita de la vasta cuenca del alto Amazonas, pertenecía a España o a Portugal (179-cap.6)."

La frontera occidental: características

Cuando se produce la independencia las nuevas naciones herederán la imprecisión de estos límites, desatándose controversias, guerras, proyectos de tratados, etc. Pero si bien los límites eran vagos, con el paso de los siglos entre ambos pueblos se había ido conformando una frontera, una zona de separación forjada durante centurias de relaciones mutuas. Una frontera "tradicional", en suma.

Estas fronteras naturales en el largo plazo cumplieron un rol importante: detener los avances de ocupación de ambos lados. Así, si bien en el papel ambas naciones nunca cesaron de reclamar territorios que iban mucho más allá de estas divisorias, la verdad fue que en la práctica se detuvieron al llegar a ellas.

La importancia de esta línea de facto, por tanto, resultaba evidente. Es por ello que McBride la examina con detenimiento a partir de dos coordenadas básicas, la geográfica y la histórica. Devino, así, inevitable el que aun en este breve resumen debiéramos, por lo menos, hacer una breve referencia a los dos sectores de esa frontera tradicional: el occidental y el oriental.

Respecto al primero McBride reitera que se trataba de una divisoria que se había estado desarrollando desde los tiempos de la independencia, basada a su vez en una línea de separación que reposaba en la que había existido entre los dos pueblos desde los tiempos coloniales y aun en la época anterior a la conquista (*). 

"Los únicos lugares en los que ha habido diferencias importantes en relación al lugar donde se ubica el límite tradicional ha sido en las provincias de Jaén y Tumbes. Puesto que estas provincias han formado parte efectiva del Perú por más de un siglo, a las demandas ecuatorianas sobre ellas no se les pudo dar muy seria consideración (149-cap.5)."

Geográficamente esta sección occidental, estaba conformada por dos segmentos. El primero, al que se le denomina la faja costera, está conformado por un estrecho cinturón de tierras bajas. Esta constituye una zona de transición ubicada entre dos regiones, la del desierto y la región lluviosa. 

La mayor parte de las tierras costeñas del Ecuador son húmedas y boscosas mientras que las del Perú son desérticas. Tradicionalmente Ecuador termina hacia el sur donde empieza el desierto y el Perú concluye hacia el norte, donde aparece la vegetación natural. 

Durante mucho tiempo la frontera tradicional costeña cumplió bien sus propósitos pero le ha faltado el trazo de una línea definitiva.

Respecto a la sección andina en esta región la cadena de montañas es mucho más baja aquí que hacia el sur o hacia el norte. La elevación promedio es de 2,500 m. Todo este entorno montañoso se encuentra a un nivel demasiado bajo como para encontrar nieve. De allí que si bien es fría, es una zona árida con escaso desarrollo de vegetación. Entre esta región andina y el llano amazónico se extiende una cadena montañosa conocida como la Cordillera del Cóndor.

Esta estribación -que corre hacia el nor-este- había separado la población del sur del Ecuador en el valle del Zamora de las regiones colindantes de peruanos que se desplazaban o establecían cerca del alto Marañón. Era la más formidable divisoria natural de toda la frontera.

La frontera oriental

El último segmento de la frontera lo conformaba el gran llano amazónico. Este constituía la parte más extensa del territorio en disputa. Si bien aquí los factores históricos son más confusos, los geográficos llevan a reconocer que aquí también ha existido una "zona tradicional". Como se sabe, en el llano amazónico los ríos juegan un papel fundamental. Y que en esta zona prácticamente todos los ríos tienen su origen en los Andes ecuatorianos. En este sentido acota McBride "Ecuador es y siempre será un país amazónico".

El curso superior y el curso bajo de estos ríos guardan grandes diferencias respecto a la formación de la frontera. A lo largo de sus sectores superiores estos ríos fluyen encañonados con un flujo turbulento haciendo "imposible cualquier tipo de navegación. Incluso después de dejar la cordillera, muchos de éstos son muy poco profundos para canoas o balsas, y sólo mucho más abajo puede alguna embarcación navegar en sus aguas.

En la mayoría de ellos el punto de inicio de la navegación o cabecera navegable (considerada para las lanchas) se ubica entre 100 y 150 km. contados a partir del pie de la cordillera. En el caso del Napo, dicho punto está más cercano debido al mucho mayor caudal que desplaza.

Para las lanchas más grandes y pequeños barcos a vapor, el punto navegable inicial está aún más abajo; en la mayoría de los casos dicho punto se ubica en la confluencia de dos ríos que, al unirse, incrementan considerablemente su volumen de agua; por ejemplo, donde el Santiago recibe al Yaupi, donde el Bobonaza entra en el Pastaza, donde el Cunambo y el Pintoyacu se unen para formar el Tigre, donde el Cononaco ingresa al Curaray.

Este es el punto inicial de navegación tomado generalmente en cuenta para el uso de los ríos con fines de transporte y comercio, y también el más utilizado para establecer la línea divisoria entre el sector río abajo, donde casi todo el transporte se realiza en bote, y el sector río arriba, donde el transporte acuático tiene una importancia relativamente pequeña.

Esta zona, donde los ríos se tornan navegables para embarcaciones más complejas que las canoas, ha sido considerada tentativamente como la zona fronteriza en muchas de las negociaciones sobre la frontera entre Ecuador y el Perú. Sin embargo, otra vez aquí, más que una zona de frontera, se requería de una línea definida.

Para cualquier consideración sobre la soberanía del territorio en disputa de parte de los dos litigantes, el punto de navegación constituye un factor importante. En un sentido profundo, tanto práctico como teórico, ésta puede ser tomada como la consideración determinante (19-20-cap.1)."


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